jueves, 7 de marzo de 2013

Con una sonrisa

De un caos casi absoluto, a rozar lo perfecto; de salir todo mal, a realizar las cosas practicamente bien desde el principio; de casi llorar de estrés y rabia, a la sonrisa más enorme y radiante que pueda existir. Hoy, en "Libros de Vida", el tercer día.

Dice uno de los libros más famosos de la historia de la humanidad una frase que reza: "Y al tercer día, resucitó". Bien, pues parece que dicha frase nos la tomamos al pie de la letra todos los miembros del equipo de "Libros de Vida", que veníamos de un segundo día de rodaje con resultados nefastos, lo que hacía que la moral de algunos estuviera en un punto bajo.

A eso no ayudaban las malas condiciones climatológicas que había esta vez sí desde el principio: llovía a mares, paraba de llover, volvía a llover a mares, volvía a parar de llover... El no saber a buen seguro si nos iba a llover o no, nos hizo volver a cambiar, por segundo día consecutivo, la localización de la escena a grabar.

Pero esta vez el cambio iba a ser a mejor. Pasamos de estar en La Casa de las Conchas, a resguardarnos al amparo de los soportales de la Plaza Mayor más bella de Europa, la de Salamanca. El afamado monumento salmantino nos impregnó con su encanto desde el principio, lo que hizo que en esta ocasión los encuadres encajaran, e, incluso, que la cámara, ante la belleza monumental y cultural que la rodeaba, no diera ni el más mínimo problema. Escena terminada, primer gran aplauso del día por empezar con buen pie y en marcha hacia el siguiete destino.

Y pasamos de lugar a emblemático, a lugar emblemático. Parece que era día de turismo por las zonas más monumentales y conocidas de Salamanca, por lo que nos fuimos a grabar a una cafetería de la Rúa Mayor. La lluvía interrumpió una parte del rodaje durante algunos instantes, pero después el tiempo nos daría una tregua y lograríamos acabar. Tras recoger, nos encaminamos hacia la tercera y última ubicación del día, que no sería otra que la casa del Director, donde iríamos a grabar lo que quedó mal el día anterior, y dejamos atrás el casco histórico de Salamanca, y su magia, esa magia de la que nosotros nos empapamos (nunca mejor dicho) para que todo saliera a pedir de boca.

El día iba perfecto. Solo faltaba culminar, y así lo hicimos. Montamos con rapidez y habilidad focos y cámaras, y grabamos, y la grabamos bien, la escena que tan solo un día antes no éramos capaces de rodar. Aplausos, desmontaje de material y en marcha hacia el Fabrés, donde dejamos todo guardado para el día siguiente.

Fue un tercer día de sonrisas, de gran trabajo, de gran trabajo en equipo, como debe ser. Fue un tercer día de alegría, de levantamiento de ánimo, de querer sacar adelante este cortometraje. Esta vez, en el camino de regreso a casa, las sensaciones eran diferentes a las del dia anteriror, y más de uno levantó la vista, miró hacia el horizonte y dos palabras vagaron por el aire en un susurro: "¡Buen trabajo!"

Y este tercer día, de buen trabajo, os lo mostramos a través de imágenes:
















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